1.Lo mortal esté en silencio
y se acalle con temor:
nada humano considere,
pues con bendición y amor,
Cristo, nuestro Dios,
desciende exigiendo todo honor.


2.Rey de reyes que en lo antiguo
vino al mundo a morar
y en humana vestidura,
sí, de carne y sangre, a andar,
ha de darse a los fieles,
a sí mismo por manjar.


3.Van las huestes celestiales,
su vanguardia a desplegar,
y la luz de luz desciende
de aquel reino eternal;
el poder del mal ahuyenta,
las tinieblas al clarear.


4.A sus pies los serafines,
sus vigilias al guardar,
cúbrense de la presencia
sin dejar de aclamar:
“Aleluya, aleluya,
aleluya, Rey sin par”.

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