En la ciudad real de David

 

Una vez en la ciudad real de David,
Se irguió un humilde establo,
Donde una madre recostó a su bebé,
En un pesebre, cama su lecho,
María era su dulce madre,
Jesucristo, el pequeño niño.


Él descendió de los Cielo a la tierra,
Quién es Dios y Señor de todo,
Y su refugio fue un establo,
Y su cuna, una caseta,
Con los pobres, los mansos y los humildes,
Vivió en la tierra nuestro santo Salvador.


El es el modelo de nuestra niñez,
Día tras día, como nosotros, el creció ,
Fue pequeño, débil e indefenso,
De lágrimas y sonrisas, como nosotros, él supo,
Y él sintió nuestra tristeza,
Y compartió nuestra alegría.


Y nuestros ojos finalmente lo verán,
A través de su amor Redentor,
Porque ese niño tan querido y gentil,
Es nuestro Señor arriba los cielos.
El guía a su hijos hacia allá,
Al jugar donde él ha ido.


No a ese pobre y humilde establo,
Con los bueyes esperando,
Lo veremos, pero en el cielo,
Sentado a la diestra de Dios, en los Cielos,
Cuando como estrellas, sus hijos coronados,
Todo en blanco, estarán alrededor.